viernes, 27 de enero de 2017

Preparación para ser un gran fotógrafo erótico

Para empezar este blog, debo decir que reconozco que soy un privilegiado, porque poca gente puede unir en la vida aquello que le gusta y además poder vivir de ello.
Yo estudié fotografía en cuanto dejé el instituto, porque ya hacía años que era aficionado a eso, gusto que heredé de mi padre. Juntos nos íbamos los domingos a recorrer la ciudad y el campo, para hacer fotos curiosas y originales, y después las revelábamos nosotros mismos (ya sabéis, usábamos unas de esas antiguas cámaras de carrete), y las poníamos en común para comentarnos los aciertos y errores.
Mi padre es abogado, y para él la fotografía era una pasión pero no su forma de ganarse la vida. Yo sin embargo tenía muy claro que quería dedicarme a ello profesionalmente, y además en qué categoría quería ejercer todo mi talento: la fotografía erótica.


Claro que eso nunca lo dije en casa, a mi madre le hubiera dado algo, seguro. Ella es muy religiosa y todo ese tema de la pornografía la ponía muy nerviosa, qué le vamos a hacer. Sólo informé a lo que quería dedicarme en el futuro, y aunque mis padres hubieran preferido que fuera el típico médico o abogado, continuando la tradición familiar, tampoco pusieron grandes objeciones, siempre que me lo tomara en serio y estudiara.
Y tanto que me lo tomé en serio. Al contrario que a otros de mis compañeros, a mí no me importaba pasar días y días estudiando todas las técnicas profesionales de fotografías, aunque fueran un tocho inmenso de páginas; me encantaba hacer experimentos, y repetir los ejercicios una y otra vez desde distintas perspectivas, con lo que me saqué la carrera con unas notas espectaculares. Pero para dedicarme a lo que yo quería, además de ser un buen artista, había que tener suerte.
No se encuentra uno así como así a mujeres (porque yo claramente prefería las mujeres) que se dejen fotografiar en posturas eróticas, ni con poca ropa. Por supuesto mi mejor opción era entrar en una agencia que se dedicara a esa clase de fotografía, pero claro, hacerlo no era tan sencillo como decirlo. Pero la suerte me sonrió al poco de estar trabajando como paparazzi para una revista del corazón (trabajo que pillé por necesidad, porque ser un cotilla aprovechado a la caza de estrellas descuidadas desde luego no me llenaba nada).
Resulta que el director de la revista donde trabajaba era amigo de un empresario de cine porno, y que su productora, además de realizar películas para adultos, también se dedicaba a hacer galerías de fotos porno. Yo lo esperé en unas de las visitas que hizo a la redacción, y aproveché para dejarle unas cuantas fotos que había hecho a algunas de mi ex novias en plan casero (espero que nunca se enteren de que las imágenes salieron a la luz).
A los pocos días recibí su llamada, y me dijo que le interesaba mucho mi trabajo y que estaba pensando en contratarme. Yo vi el cielo abierto, porque al fin iba a conseguir lo que tanto ansiaba: tener para mí todo un repertorio de modelos espectaculares dispuestas a abrirse de piernas en el momento que yo quisiera.
Y dentro de poco os contaré cómo fueron mis primeros días de trabajo.